de otros...





Era inevitable abrazarnos, llorar, y hacer memoria. La situación lo requería: Sufrir, naturalmente. Todos los años, esa fecha, imponía la tristeza. Un trauma ineludible, justificando mi comportamiento destructivo. Cuando leí como otras civilizaciones trataban la muerte, celebrando en un ritual festivo, me sentí una idiota con el dolor “normalizado”. 

4 comentarios:

Publicar un comentario